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Seguridad interior: algunas claves para conseguirla
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“Seguridad en mí mismo”…  dicen necesitar muchos pacientes que vienen a terapia. Se quejan de tener menos seguridad interior que otros “con las ideas muy claras”…

La inseguridad puede darse en diversas facetas de la vida: profesión, valores, pareja, motivaciones etc.

Pero ¿De qué tipo de seguridad hablamos aquí?: Concretamente de la certeza de saber quién soy y qué quiero en la vida”.

Cuando me defino como alguien inseguro lo hago por comparación con quienes percibo más seguros. Y ¿en qué me baso para valorar que alguien está “seguro de sí mismo”?

¿Cómo es la gente con seguridad interior?

La gente segura tiene una idea estable y positiva de su identidad personal, motivaciones y valores. En general, la mayor parte del tiempo, saben quiénes son y cuáles son sus motivaciones. El matiz “en general” y “la mayor parte del tiempo” es crucial para distinguir la auténtica seguridad interior, porque ésta se conquista después de haber desidealizado ciertas creencias. La seguridad interior se apoya sobre la realidad, y ésta a veces nos provoca duelos sobre nuestros ideales.

Por tanto conviene distinguir la seguridad interior de la seguridad aparente:

Lo que parece seguridad y es rigidez

Hay un perfil de persona muy estable en valores y motivaciones, que parecen “tener las ideas muy claras”. Su discurso suele ser coherente y razonado, y argumentan sus decisiones e ideas sólidamente. Sus argumentos suelen pertenecer a ideologías bien asentadas. Por otro lado les cuesta llegar a acuerdos en las discusiones, aferrándose a su identidad como si de algo fijo se tratara. Además controlan la proyección de su imagen personal sobre los demás. No generan duda acerca de quiénes son y cómo son. Se presentan al mundo con aparente firmeza, pero en realidad es rigidez.

Si observas con distancia captarás tras esa solidez cierto nerviosismo o inquietud.

 

 

la seguridad interior se acompaña de firmeza

 “La firmeza es señal de seguridad, la rigidez es síntoma de miedo”

 

La seguridad se alcanza habiendo transitado la duda y la crisis, la rigidez se salta ese paso, por eso es una aparente seguridad. Mientras los gestos de firmeza suelen ser tranquilos y flexibles, las actitudes rígidas están pinceladas por cierta ira o susceptibilidad. Y es lógico porque quienes esgrimen verdades absolutas es porque las necesitan para vivir, por eso las custodian vehementemente. Y esto es una señal de inseguridad.

Evolucionar implica replantearnos valores que creíamos invariables. Y en este proceso hay que soportar el miedo a la incertidumbre y al vacío para alcanzar la serenidad y madurez posteriores. La lucidez suele llegar después de una etapa de ceguera. Es decir, hay un tipo de seguridad que sólo alcanzamos experimentando una o varias crisis.

Las crisis personales pueden surgir a cualquier edad y sobre cualquier área de nuestra vida:

  • Afectiva: amistad, familia, relaciones en general.
  • Profesional: vocación, ideales, renuncia, autorrealización …
  • Sexual, pareja, romanticismo…
  • Maternidad, género …
  • Identidad: grupos de pertenencia y referencia, política, valores etc

la seguridad interior se conquista tras las cisis personales

Bien es cierto que cuanto más joven nos llegue la crisis más sencilla será su resolución, pues habrá menos contradicciones acumuladas que resolver.

Cuando mis pacientes acuden con una crisis personal, les sonrío y digo: “bienvenida tu crisis pues saldrás fortalecida de ella, y enhorabuena por tu valentía para abordarla”. Al principio no me entienden muy bien, pero sé que necesitan sentir mi calma ante su situación como señal de que no hay un abismo a sus pies. Porque no lo hay.

Estas personas (mayoritariamente mujeres) salen de su proceso terapéutico con respuestas a sus conflictos internos, sus ideales revisados y actualizados, y más reconciliadas consigo mismas y su realidad. Además están vacunadas para afrontar futuras turbulencias que la vida les deparará.

Cuando me permito cuestionar incluso mis dogmas más básicos, mengua mi miedo a la incertidumbre, y eso me hace más libre y seguro. Aumenta mi tolerancia con las ideas de los demás, y favorece mi creatividad y flexibilidad. Además me ayuda a amortiguar la crítica y la autocrítica.

Cuanto más me agarro a lo inmutable más crece mi inseguridad interior, porque lo único estable en este mundo es el cambio.

NO HAY IDENTIDAD SIN CONTRADICCIONES

Quienes me leéis sabéis que cuando hablo del comportamiento humano evito sentencias absolutas tipo todos, ninguno, nunca etc… pero las reglas tienen excepciones ¿verdad? Eh aquí la primera:

“Todos tenemos contradicciones en nuestras vidas”.

Todos nosotros, sin excepción, en uno o varios momentos, hacemos, pensamos o sentimos algo que contradice un valor o ideología propia.

La clave está en hacerlo consciente o inconsciente. Y también en permitirlo o censurarlo.

Si aprendo a permitirme la contradicción seré mucho más honesto conmigo y con mi entorno. La honestidad no es otra cosa que la ausencia de miedo a ser quien soy.

Si no tolero convivir con mis contradicciones las justificaré con elaboradas explicaciones. De esta manera evito ver algo propio que choca con mis valores.

Cuanto más autoexigente soy, más necesito justificar mis contradicciones para evitar juzgarme por ellas.

LA SEGURIDAD  SE CONSIGUE A TRAVÉS DE LA DEPENDENCIA

Esta aparente paradoja se resuelve muy sencillamente:

No hay seguridad interior sin compromiso.

No es posible ser autónomo sin pilares propios donde apoyarme, estos pilares se asientan en compromisos, y con ellos empieza la dependencia.

La independencia disfrazada de ausencia de compromiso genera inseguridad e inestabilidad.

La paradoja de la “independencia que se asienta en la dependencia” conlleva compromisos en diferentes facetas, de modo que si me falla alguno tendré otros. Esto es lo que los psicólogos humanistas llamamos autoapoyo.

Si cultivo diversos compromisos en varias facetas de mi vida, me sentiré más independiente y autónomo. Más seguro de mí mismo.

Así es como forjamos una identidad rica y flexible.

Sin olvidarnos de lo dicho al inicio: seguramente habrá períodos en que cuestionaremos nuestros valores y compromisos. Porque evolucionar significa revisar y actualizar nuestra identidad.

          “Claves para tu seguridad interior”, por Beatriz Alvarez

         beatriz@escuchartepsicologia.com  699251287

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